Juan se llevó el vaso a la boca. Aunque se afanaba en el intento, aguzando al máximo el oído, aunque amenazaba temporal, y progresaba por momentos la fuerza del oleaje, no conseguía escuchar el sonido del mar. Estaba ahí, sí; y podía ver sus aguas chocando contra las rocas e incluso -ya transformadas en espuma- diseminándose precipitadamente entre los aires, pero no lo oía. Como si aquellas imágenes que tenía delante suyo perteneciesen a una película en color con pocos diálogos, una película de esas, bastante aburridas, alemanas, que no cuentan apenas casi con argumento. Se pasó las yemas de los dedos por encima de los labios para quitarles los restos de espuma y recapacitó sobre las diferencias existentes entre los distintos estados de la materia, sobre la facilidad de la que disponían algunas sustancias para poder saltar de uno a otro. Pensaba, por ejemplo: “¿no debería haber alguno más aparte del sólido, el líquido y el gaseoso?. El barro ¿dónde incluirlo?, ¿y al alquitrán?. Conjeturaba igual: ¿a cual de los tres estados pertenecería la espuma de la cerveza?”. Miró al reloj y comprobó que eran las cinco y cuarto, una hora prudente para regresar al hotel. Y eso fue lo que hizo.
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He pensado que debo comenzar nuestra relación presentándome. Me llamo Juan M. Bolivar Muñoz. Soy un médico que ama con delirio la literatura. Nací en una pequeña capital de provincia castellana. Vivo en Madrid. Cerca de Madrid. A estas alturas de mi vida, noto que Castilla me desgasta, me vuelve viejo. Me gustan el mar, el verdor de los campos y las mujeres tiernas. Y la literatura, insisto. La literatura -como ven no dejo de repetírselo- es otra de mis grandes pasiones. Mi padre también era médico. Este año he tenido que adelantar mis vacaciones. Bueno, en puridad, estas no son mis vacaciones. Este viaje es algo así como...-me resulta difícil catalogarlo-...como...una huida -sí, como una huida- pero también tiene mucho de expedición, de búsqueda, y la arribada a su destino debería suponer al final, si todo sale como deseo, una especie de regeneración, un renacimiento. Todo eso es para mi este viaje. Sé que mis palabras pueden sonarles un poco crípticas, ambiguas, pero les aseguro que los acontecimientos en los que me he visto involucrado, y constituyen el germen de las ideas que ahora las provocan, no lo fueron en absoluto; muy al contrario, aquellos resultaron ser tan reales, tan descarnados, que -si se deciden a seguir escuchándome- muchos de ustedes van a tener ocasión de disfrutar y padecer sensaciones tales como la angustia, el amor, la curiosidad, el odio, la compasión, el asco.....cuya humanidad, entiendo, queda fuera de toda duda. Porque sí...mis queridos amigos...¡en los últimos seis meses me ha pasado lo que se dice de todo!. Y es de eso de lo que trata esta historia. Les cuento entonces...
...acabo de dejar a mis espaldas un café de Sète, cercano al puerto, en el que he estado bebiendo un par de cervezas mientras me afanaba en encontrar el lugar idóneo en el que poner el pie para comenzar mi libro con buen pie. O, lo que es lo mismo, la frase ideal con la que dar inicio a una novela de misterio, como pretendo, lo sea, la que a partir de esta noche pienso ponerme a escribir. Un thriller literario que a mi, que voy a ser su autor, y en resumidas cuentas la única persona responsable de crear los enigmas que se planteen dentro sus páginas y arbitrar los tejemanejes que vayan a posibilitar sus correspondientes soluciones, me ha de servir para ayudarme a obtener la solución de otros enigmas distintos, verdaderos esta vez, esos que les he dicho que se han instalado en mi vida de unos meses a esta parte. ¡Qué paradoja!. Que tenga que ser un cuento, pura quimera, mentiras y más mentiras, lo que me permita encontrarle el sentido a la realidad. A toda esa serie de cosas que me han venido ocurriendo y he considerado hasta ahora un tanto estrafalarias. Cuando no, casi del todo inexplicables.
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PARA LEER: Oblomov (IVAN A. GONCHAROV)
PARA ESCUCHAR: Play (SQUEEZE)
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